Con la moda del running, muchos hablan de hacer ejercicio a primeras horas de la mañana, en ayunas. Lo que se pretende con esta práctica es que las reservas de glucógeno hepático (los hidratos de carbono almacenados en el hígado) estén bajo mínimos y de esta forma forzar al cuerpo a utilizar las grasas como combustible.

Este entrenamiento debe hacerse con cuidado porque nos puede afectar de forma negativa. Algunos de los puntos a tener en cuenta si salimos a entrenar en ayunas son:

  • Bajada de la tensión: Se debe básicamente a que el requerimiento energético por parte del cuerpo es tan grande que las reservas de glucosa disminuyen y nuestro cuerpo lo acusa mediante escalofríos, mareos, malestar general… Si eres propenso a padecer este tipo de bajadas de tensión es mejor que no acudas nunca a entrenar en ayunas.
  • Entrenar en ayunas hace que consumamos los músculos: tiene mucho que ver con el nitrógeno. Al practicar deporte perdemos nitrógeno del organismo, y al hacerlo en ayunas, estas pérdidas pueden llegar a duplicarse, lo que puede suponer un riesgo a la hora de perder masa muscular, ya que parte de la energía consumida va a venir de las proteínas que componen las fibras musculares.
  • Menor rendimiento: al no tener una alta carga de glucosa, el organismo no tendrá energía instantánea. Por ello, entrenar en ayunas no es recomendable si queremos realizar un entrenamiento de alta intensidad en el que necesitemos energía explosiva o en el que vayamos a realizar series de entrenamiento tipo HIIT, para las que se requiere cierta energía rápida.

Lo ideal es que antes de entrenar ingiramos algún tipo de alimento con alto poder energético. No en grandes cantidades, porque nos sentarán mal, pero si ingerir un batido de proteínas, un pre-entreno, una barrita energética, algo de cereales, etc. Debe ser algo que el organismo digiera de manera rápida para así tener energía instantánea sin tener que madrugar más para desayunar y poder hacer la digestión antes de ir a entrenar.